La Secretaría de Transporte de la Nación aplicó un nuevo esquema de costos y el ministro de Economía, Luis Caputo, decidió abrir el grifo para inyectar más subsidios y así evitar paros de colectivos en la Ciudad y la Provincia de Buenos Aires (AMBA). El boleto mínimo allá subió (ronda los $742), pero el Estado Nacional sigue cubriendo la gran diferencia de la tarifa técnica para que no estalle el conflicto social en el centro neurálgico del país.

¿Y a nosotros en Salta qué nos importa?

Mientras la billetera nacional rescata los bondis del Obelisco, en el interior el panorama es desolador:

  • El abismo de la desigualdad: La eliminación del Fondo Compensador del Interior hace meses dejó a Salta a la buena de Dios. Mientras el AMBA recibe miles de millones para compensar el gasoil y los sueldos de la UTA, la provincia de Salta tiene que hacer malabares presupuestarios con fondos propios para subsidiar a SAETA y evitar que el boleto local se dispare a niveles impagables.
  • La presión sobre SAETA: Mantener el boleto con gratuidades para estudiantes y jubilados. Cada vez que Nación «soluciona» de manera privilegiada el problema en Buenos Aires, valida una estructura de costos (paritarias de choferes, precio de repuestos) que después la UTA exige replicar en Salta, pero sin darnos la misma plata para pagarlo.

El centralismo no se tomó vacaciones en 2026. Resolver los problemas del transporte solo donde vota la mayoría del país es una receta vieja que seguimos pagando los del interior. Si Nación no vuelve a coparticipar el esfuerzo del transporte, los salteños seguiremos viajando más caro en unidades que costará cada vez más renovar.

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