Un sentimiento muy propio de nuestra época es el de frustración en cuanto a temas políticos. Parece que en cuanto abordas la conversación de cómo es representado el poder de la gente en nuestro país, es inevitable encontrarse con un callejón corrompido por los intereses personales de los líderes que supuestamente elegimos.

Mi decisión personal siempre fue mantenerme al margen de la discusión política, y esta fue tomada al entender que el progreso del gobierno se había desviado hace mucho tiempo, y eso que llamamos ‘progreso’ lleva muchas décadas avanzando en la dirección equivocada.

Utópicamente, siempre he pensado que los líderes de una comunidad deberían ser también los más evolucionados conscientemente; esto con el fin de que todo sus intereses y su energía estén canalizados en servir en todo su elemento a la gente que los puso en el cargo.

Pero el mundo entero escasea de estas figuras, y a lo más que podemos aspirar es a informarnos con el fin de exigir resultados a políticos que difícilmente entregarán, ya que son personas que quizá tengan las mismas carencias que nosotros: la ignorancia del poder cívico.

El precio de desentenderse de la política es ser gobernado por los peores hombres – Platón

Lo más importante en este momento es regresar a nosotros mismos y adquirir un nuevo nivel de responsabilidad cívica en la comunidad donde nos desenvolvemos. Para esto, hay que empezar por los conceptos más básicos sobre el poder; con la ayuda del libro de Eric Liu The Gardens of Democracy podemos empezar por definir algunos términos, describir la magnitud del problema al que nos enfrentamos y luego sugerir los lugares de donde podrían venir la soluciones.

El civismo es el arte de ser un colaborador de resolución de problemas pro-sociales en una comunidad autónoma. Educación Cívica es el arte de la ciudadanía y abarca tres cosas: una base de valores, una comprensión de los sistemas que nos rigen y un conjunto de habilidades que permiten perseguir objetivos y hacer que otros se unan a esa búsqueda.

El poder es: la capacidad de hacer que los demás hagan lo que necesitas que hagan. Suena amenazante e insidioso. Por razones como estas no nos gusta hablar del poder, lo concebimos con una connotación negativa y nos sentimos incómodos al hablar de él.

En la cultura y la mitología de la democracia, el poder reside en el pueblo. El poder tiene una valencia moral negativa. Suena maquiavélico inherentemente. Parece inherentemente malo. Pero, de hecho, el poder no es más intrínsecamente bueno o malo que el fuego. Simplemente es. Y el poder rige el funcionamiento de cualquier forma de gobierno, ya sea una democracia o una dictadura.

El problema que enfrentamos hoy, es que demasiadas personas son analfabetas del poder. ¿Qué es? ¿Quién lo tiene? ¿Por qué lo tienen? ¿Cómo funciona? ¿Cómo fluye? Y como consecuencia de este analfabetismo, los pocos que entienden cómo opera el poder en la vida cívica ejercen una influencia desproporcionada y están perfectamente dispuestos a llenar el vacío creado por la ignorancia de la mayoría de nosotros. Ellos saben cómo una propuesta se convierte en ley, cómo una amistad se convierte en subsidio, cómo un sesgo se convierte en política o cómo un lema se convierte en movimiento.

Es por esto que es tan fundamental en este momento para nosotros entender esta idea de poder y democratizarla. Una de las cosas más emocionantes y desafiantes acerca de este momento es que, como resultado de este analfabetismo de poder que es tan penetrante, hay una concentración de conocimiento, de entendimiento, de influencia, una energía que presenta respuestas: ¿Cómo un lema se convierte en movimiento? Viralmente. La limitante es que, a pesar de esta energía, la mayoría de la gente no está buscando o no quiere ver estas realidades.

Gran parte de esta ignorancia, de este analfabetismo cívico, es intencional. Generaciones de gente que piensan que todo es absolutamente sórdido. Se desentienden de la política y prefieren simplemente contribuir con voluntariado (otros, ni eso).

Como resultado del progresivo fatalismo en la vida pública es que tenemos niveles tan depresivos de conocimiento cívico, de participación, de toma de conciencia, etc. Todo el negocio de la política se ha subcontratado con eficacia a una banda de profesionales, gente de dinero, gente de divulgación, gente de medios. El resto de nosotros tendemos a sentirnos como amateurs en la toma de decisiones. Nos desmotiva el aprender más acerca de cómo funcionan las cosas y preferimos no participar.

Este reto es al que ahora debemos hacer frente, y creo que cuando se tiene este tipo de desconexión, esta ignorancia voluntaria, se convierte a la vez en causa y consecuencia de la concentración de oportunidades de riqueza e influencia, en esta profunda desigualdad civil.

Es por esto que es tan importante el reinventar la educación cívica con la enseñanza del poder. Si la gente no aprende del poder, si la gente no despierta, se quedarán fuera.

Autor: @BienMal_

- PUBLICIDAD EN NOTICIA -