El cáncer de mama se puede detectar y transformar en potencialmente curable

El cáncer de mama es uno de los canceres con mayor incidencia en nuestro país, 1 de cada 8 mujeres pueden presentar esta patología a lo largo de su vida, esta incidencia aumenta a partir de los 50 años de edad. Los controles deberían ser realizados a partir de los 40 años en mujeres sin antecedentes directos de cáncer con estudios de imagen como mamografía, ecografía y resonancia magnética que serán determinados por el ginecólogo, con quien debe realizarse los controles anuales.

El cáncer de mama se puede detectar precozmente y transformar la enfermedad en potencialmente curable.

El estilo de vida saludable puede disminuir el riesgo de padecer cáncer en un 40%, mediante una alimentación saludable rica en frutas y verduras, el ejercicio físico regular, el control y/o prevención de la obesidad, evitando la  exposición al humo del tabaco en forma activa y pasiva, y evitando el consumo de bebidas alcohólicas.

Una vez diagnosticada la enfermedad, dependiendo del estado del paciente, el tipo de cáncer y el compromiso del mismo se implementaran las estrategias de tratamiento. Ellas son: cirugía, radioterapia, hormonoterapia, quimioterapia y terapia blanco (anti-HER2, inhibidores de CDK4/6, antiangiogenicos, inhibidores Parp y la inmunoterapia).

Es importante que el abordaje sea interdisciplinario, con apoyo psicológico y nutricional para mejorar la eficacia del tratamiento médico y la calidad de vida de la paciente.

Tratamiento Psico-Nutricional

La Alimentación Saludable no solo es importante para prevenir enfermedades crónicas no transmisibles como el cáncer, sino también durante el tratamiento médico del paciente oncológico, junto con el tratamiento psicológico, para optimizar los resultados.

Desde el área de la Psico-Oncologia se aborda el cuidado del paciente y la familia, el equipo sanitario, la investigación en la prevención y el manejo de los problemas tanto físicos como psicológicos durante la enfermedad, la cual trae consecuencias en el estilo de vida, afectando su desarrollo personal. El psicólogo tiene la importante función de acompañar a cada paciente, en este momento de indefensión, miedo e inseguridad, a descubrir sus potencialidades y aptitudes, brindándole herramientas para moldear su propia forma de afrontar la enfermedad. Es el psico-oncólogo quien trata de contener todas las respuestas emocionales, no solo del paciente, sino también las de su familia y cuidadores. Aborda el control y alivio sintomático, que no constituye una respuesta patológica, sino que se trata de respuestas normales del psiquismo ante la situación de pérdida de la salud.

Durante el tratamiento oncológico, el paciente debe alimentarse de forma saludable, consumiendo alimentos con sustancias anticancerígenas para frenar el crecimiento del tumor, favorecer el efecto positivo del tratamiento médico, incrementar las defensas y prevenir enfermedades “oportunistas”, así como también para lograr y mantener un peso saludable, recordemos que la obesidad es uno de los factores de riesgo para distintos tipos de canceres, principalmente de mama, endometrio y colon, motivo por el cual durante y después del tratamiento oncológico, el paciente debe mantener un estilo de vida saludable, que le permita controlar su peso y composición corporal, para disminuir el riesgo de reaparición del cáncer.

Si bien, el Plan Alimentario Saludable Anticáncer debe ser personalizado, es decir que se lo debe diseñar para cada paciente luego de la consulta nutricional, según la Valoración Alimentaria, Antropométrica y Bioquímica (análisis de sangre completos), teniendo en cuenta el sexo, la edad, el momento biológico, si realiza o no ejercicio físico regular y la presencia de otras enfermedades; en términos generales, se puede decir que una Alimentación Anticáncer es aquella que nos aporta calorías ricas en nutrientes con función antioxidante a través de 5 grupos de alimentos que contienen proteínas de alto valor biológico, vitaminas, minerales, fibra dietética, omegas 3 y 9, entre otros nutrientes. Estos grupos son: 1) FRUTAS Y VERDURAS. De distintos colores, principalmente cítricos, palta, arándanos, tomate y brócoli. 2) CARNES MAGRAS Y HUEVO. Principalmente las claras de huevo diariamente y las carnes blancas haciendo hincapié en el consumo semanal de pescado de mar, por su importante aporte de omega 3. 3) LACTEOS DESCREMADOS. 4) LEGUMBRES, CEREALES Y DERIVADOS. No consumir harinas blancas ni azucares. Siempre en su versión “integral”: pasta integral, arroz integral, galletas de arroz, galletas con semillas de chía, etc. 5) GRASAS BUENAS. Consumo moderado de: aceites vegetales crudos, principalmente de oliva y soja, frutas secas (nueces, almendras, avellanas, pistachos, castañas), semillas (en especial chía), chocolate amargo y palta. En relación a las bebidas, se aconseja tomar 2 a 3 litros de agua por día, y se considera al te verde Matcha como la “bebida anticáncer”.

Esta alimentación anticáncer, con ejercicio físico regular según las posibilidades de cada uno, un ambiente libre de tabaco y sin bebidas alcohólicas, una mente positiva para lo cual es esencial el trabajo del psicólogo, contribuyen al éxito del tratamiento médico e incrementan la calidad y esperanza de vida.

  • Lic. en Nutrición María Celeste Mazzucco Ortiz.
  • Dra.  Cristina Rusz Maidana (oncóloga clínica).
  • Lic. en Psicología Emilia Abutti.