Un circuito a lo largo de 200 kilómetros para conocer la cultura vitivinícola regional; propuesta hotelera y bares al paso.

La experiencia comienza desde que subimos al auto y tomamos la ruta 38. El recorrido total es de 234 kilómetros y es necesario empalmar con las rutas 307 y la 357 para, por último, tomar la mítica ruta 40 que recorre los valles calchaquíes. El trayecto descubre a su paso más de 3.000 hectáreas de viñedos distribuidos entre los departamentos de Cafayate, San Carlos, Cachi, Molinos y La Viña.

La historia del vino en la región nos lleva a una de las principales ciudades productoras del país. Cafayate es por donde arranca la travesía y todo parece sacado de una postal. La ciudad hace gala de su historia como capital de los vinos de altura y del Torrontés, que es la variedad característica de la zona.

Además de las modernas bodegas, equipadas con toda la mejor tecnología y enmarcadas por los viñedos, se pueden visitar producciones artesanales, como en las ciudades de Cachi y Seclantás.

“La ruta del vino recorre paisajes impactantes como la Quebrada de las Flechas y pueblos centenarios como Molinos, con una enorme riqueza cultural que se expresa en la música y las artesanías”.